martes, 14 de abril de 2009

Los niños Tarzán

"Tarzán" es un personaje literario creado por el inglés Edgar Rice Burroughs en 1914. Cuenta la historia del niño inglés Jhon Clayton quien después de la muerte de sus padres en África, fue adoptado por una especie de monos llamados "mangani". Con ellos se cría y aprende la ley de la selva. Sin embargo, es él solo quien logra descifrar el idioma inglés en los textos dejados por sus padres muertos y acercarse a lo que podría llamarse civilización humana.
Este personaje de ficción es una buena metáfora de lo que les sucede a muchos de nuestros estudiantes. Sus padres les abandonan a corta edad y son criados por terceras personas. La revolución de los cuidadores es solo expresión de un sistema económico en donde el dinero es lo más importante, y por lo tanto, la familia entra en un segundo plano ante la necesidad de conseguir dinero para sostenerla. Los cuidadores, y no los padres, son los educadores primarios de nuestros estudiantes.
En segundo lugar, nuestros estudiantes se la ven con la ley de la selva. Una especie de darwinismo ideológico del "sálvese quien pueda" y que "el pez más grande se come al más pequeño" en que anda montada la economía neoliberal. La felicidad dentro este sistema es momento segundo, se debe conseguir dinero para ser feliz, cuestión que por lo demás Epicuro ya había previsto desde la antigüedad: "nada es suficiente para quien lo suficiente es demasiado poco".
Por último, el acceso a a la cultura lo realizan desde su soledad. Acceden a la cultura desde recursos muy limitados, si existen; y como preocupación segunda o tercera, lo importante serán otras cosas. Y desde la soledad, por que los estudiantes pasan gran parte de su tiempo solos y cuando los padres les acompañan no son receptores afectivos de las situaciones de los estudiantes, sino que invitan al desborde y la trasgresión.
"Niños Tarzán", solo una metáfora para expresar la realidad de estudiantes que terminan pensando y queriendo que el mundo debe amoldarse a lo que ellos quieren, que no existen normativas sociales porque no fueron criados por terceros o desde una familia que ha desterrado todo atisbo moral del mundo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Profesores canguro


La multiplicidad de cambios que trajo consigo la globalización afectaron directamente a la familia. Hoy en día existen múltiples modelos familiares que van desde la familia extensa, la familia nuclear, la monoparental y otras formas como la de padres que viven fuera de sus países por que deben trabajar y delegan el cuidado de sus hijos a terceros. Lo complicado de dicha cuestión no es el modelo mismo de familia, sino el manejo de hábitos, de la autoridad y de la capacidad de frustración en el núcleo familiar. Hoy día encontramos estudiantes sin ningún tipo de restricción en sus hábitos. Padres y cuidadores les dejan hacer lo que quieran y por tal razón la mínima dificultad crea frustración; la construcción de algunas reglas de convivencia es tomado como atentado contra el libre desarrollo de la personalidad. En nuestras instituciones educativas vemos como estudiantes cada vez más se agreden entre sí y agreden a sus docentes pues el núcleo familiar en donde se aprendía a convivir se ha transformado.


Una expresión muy común entre estudiantes y cada vez más común entre docentes, es aquella de "que tiene de malo", pues como diría Nietzsche, cuando no existe nada malo todo está permitido. Y con el argumento de que "no tiene nada de malo" vemos como los estudiantes llegan a situaciones muy serias como consumo de drogas, embarazos no deseados, pandillas, barras bravas y otro tipo de situaciones. Sin ser tan extremos, hechos como pintarse el cabello en clase, usar aparatos electrónicos en espacios como las aulas, no saludar, no causan ningún problema a estudiantes sin restricciones.


Por tal razón, cada día necesitamos más profesores canguro; docentes capaces de albergar en su ser a sus estudiantes, entusiasmarse con ellos, entenderlos, escucharlos, quererlos, ser un padre o un madre para ellos; teniendo en cuenta que se es docente, formador y orientador. En otras palabras, la escuela del futuro debe asumir el rol de la familia en la formación de hábitos, en la construcción de sentido, en el manejo de la frustración. Debe deconstruir una serie de hábitos mal aprendidos y generar espacios de integración de nuevas experiencias significativas.

viernes, 20 de febrero de 2009

Nuevo mundo, nuevo currículo


Currículo para la escuela del futuro


Cuando se construyen los planes curriculares de cualquier modelo escolar, estos se articulan a partir de dos grandes elementos. El primero es la finalidad. Las materias, asignaturas o proyectos que los estudiantes deben cursar en cada ciclo de enseñanza, no están dispuestos al azar; están dispuestos de tal manera que respondan al ideal de un modelo de sociedad que se quiere formar. ¿Por qué un estudiante de educación básica ve entre sus materias fundamentales lenguaje, matemáticas, sociales, ciencias, etc.? Básicamente, por que para esa sociedad las competencias lingüísticas, numéricas, históricas o científicas son importantes. Es decir, porque dentro de la vida de esa sociedad saber comunicarse, realizar operaciones matemáticas, ubicarse socialmente o reconocer los principios de la ciencia, resulta fundamental. En una sociedad donde estos saberes no son importantes, no harán parte de su “currículo”, ni de su vida educativa. Basta mirar como en las diversas épocas de la historia los currículos eran muy diferentes: en la Grecia Antigua el saber fundamental era la filosofía, unido a la política y la retórica; en el mundo cristiano siempre lo fue la teología, en la Edad Media lo fue el “Trivium” (gramática, retórica y lógica) y el “Quadrivium” (aritmética, geometría, astronomía y música) y en la Edad Moderna y contemporánea, las ciencias, artes y oficios. Es más, si miramos los currículos en otras sociedades actuales nos daremos cuenta que las diferencias entre ellos se debe al cambio del referente cultural.

El segundo elemento articulador del currículo son los procesos cognitivos y axiológicos de los estudiantes. Los seres humanos no nacemos aprendidos, nacemos dentro de una cultura gracias al aprendizaje; y ese aprendizaje se realiza de manera gradual. Expresándolo de una manera muy general, los seres humanos pasamos de una situación de heteronomía, desconocimiento, fragilidad, a una situación de relativa autonomía, relativo conocimiento cultural y relativa defensión. Pero este paso que va de la heteronomía a la autonomía, del desconocimiento del mundo a su relativa apropiación; se realiza paulatinamente siguiendo una serie de etapas o ciclos. Dichas etapas dependen del contexto social y cultural en el cual se encuentra inmerso el estudiante y de su propio proceso vital. Ahora bien, los currículos se articulan respetando los distintos ciclos de desarrollo cognitivo, socioafectivo o axiológico de los estudiantes. Para que un estudiante pueda resolver problemas de integrales, primero tiene que conocer el algebra, y para manejar el algebra tiene que manejar la aritmética. Para construir un ensayo debe argumentar, para argumentar de manera escrita debe saber redactar, y para redactar debe saber escribir. Para tomar sus propias decisiones de manera autónoma y responsable, primero tuvo que tomar decisiones sencillas o incluso determinadas por el parecer de los tutores o cuidadores. Es decir se procede inductivamente de lo más sencillo a lo más complejo, de lo particular a lo general.


Ante estas dos sencillas consideraciones a cerca del currículo escolar, surgen una serie de interrogantes integrados a partir de los elementos articuladores. En primer lugar, ¿cuál debe ser el mejor currículo y plan de estudios para este momento de la historia, para este mundo? Ya lo he expresado más abajo, vivimos en mundo globalizado, tecnificado, donde las utopías se encuentran en crisis y donde el futuro está plagado de incertidumbres (crisis económica, crisis alimentaria, crisis energética, crisis ecológica). Las familias se están adaptando a dicho proceso y en esa adaptación surgen nuevas situaciones como el auge de los cuidadores, la perdida de los roles, la ausencia de los padres, la formación de hábitos. Es más nuestros estudiantes aprenden más de las nuevas tecnologías de la comunicación (Internet, celular), de sus grupos de amigos, de la televisión, y se ven más influenciados por los modelos del mercado, que de sus familias o de los sistemas educativos formales. Algunos estudiantes de sectores populares viven en una especie de esquizofrenia entre la realidad dura que les toca vivir y lo que el mercado les presenta como modelo deseable. Muchos de los niveles de intolerancia social se deben justamente a la ausencia de referentes que formen sobre principios claros de convivencia. Si a esto le añadimos una cultura pensada para los jóvenes y la visión de un futuro incierto, tenemos varios elementos para afirmar que nos encontramos en un cambio cultural. En esta medida cabe la pregunta ¿qué ser humano queremos formar para este mundo?, ¿un ser humano muy inteligente pero incapaz de convivir en comunidad?, ¿un ser humano capaz de convivencia pero incapaz de pensar por sí mismo? Las preguntas no son inocentes. Suponen que, si como educadores queremos cambiar este deteriorado mundo, debemos empezar por formar seres humanos con unas competencias diferentes para un mundo diferente. En esa medida, supone que se debe articular un nuevo modelo curricular para formar ese “hombre nuevo”, ya sea por asignaturas, ya sea por proyectos, ya se transversal o ya sea disciplinar. El problema no está en la forma, la cuestión está en el espíritu de la propuesta.


Por otra parte, la consideración a cerca de los procesos de desarrollo cognitivo, psicoafectivo y axiológico de los seres humanos, articulando con el punto anterior, permiten afirmar que dichos currículos y todo lo que ellos implican deben desarrollarse procesualmente; de lo sencillo a lo complejo, de lo particular a lo general, de lo concreto a lo abstracto. En dicha articulación no se debe perder el horizonte de acción determinado por la respuesta que cada institución educativa le dé a la pregunta sobre qué seres humanos quiere formar. Se puede pensar en materias, en proyectos, en aulas especializadas, en salidas pedagógicas, etc., pero dichos proyectos deben aportar al cambio de la mente y el corazón de los estudiantes, para que sean ellos a nuestro lado los que sean capaces de ofrecer a nuestros hijos o nietos, un mundo mejor.


¿Cuál es ese currículo? Nadie tiene respuestas elaboradas a esta pregunta. Cada experiencia pedagógica debe hacer su camino, resolver sus propios interrogantes, creer en su capacidad transformadora y atreverse a proponer cosas nuevas. No es posible generar un mundo nuevo sin tomar posición por un mundo nuevo el cual queremos formar como educadores.

viernes, 13 de febrero de 2009

Vino nuevo en odres nuevos


Cuando se entra a un aula de clase promedio en cualquier lugar de Colombia, se notará que los estudiantes se encuentran dispuestos en muy ordenadas finas que miran a un tablero. Podrán cambiar la forma de los pupitres, el tamaño del aula, el material del tablero, el contexto de la escuela, las metodologías, pero esta disposición esencial del aula parece no cambiar.

No hace falta realizar grandes estudios para reconocer que dicha organización esconde un modelo escolar anacrónico para nuestros días. Podría decirse que tiene sus raíces en las cátedras medievales y en la estructuración escolástica de la "lectio" en la cual el estudiante realiza un trabajo individual y luego debe ser instruido por el maestro quien sabe más que el estudiante y es quien imparte el conocimiento. La expresión "magister dixe" esconde toda esta realidad.

Hoy en día, en Colombia, desde la escuela hasta la universidad, está es la práctica educativa más común: la interacción maestro-estudiante dentro de un aula de clase en una relación asimétrica que busca transmisión de información. Existen innovaciones tecnológicas que más que cambiar el modelo lo refuerzan. Ahora se utilizan tableros digitales, proyecciones informáticas, computadores portátiles, etc.; en la misma interacción asimétrica.

Esto me causa un serio cuestionamiento: ¿éste es el tipo de formación que necesita nuestra sociedad hoy?. Vivimos en un mundo complejo y en continuo cambio, globalizado y con serios problemas ambientales, económicos y sociales; aldea de la información en continuo intercambio simbólico. Mundo excesivamente permisivo, hedonista, intercultural y familiarmente desestructurado. ¿Será que las aulas estructuradas en la relación maestro (que conoce) y estudiante (que poco sabe) son el espacio y el ambiente pedagógico para formar a los hombres y las mujeres del mañana?

Es bueno reconocer que nuestros estudiantes aprenden todos los días, pero en la gran mayoría no aprenden lo que nosotros le queremos enseñar. Interactúan por Internet, por medio de los teléfonos celulares, aprenden de la televisión, de los videojuegos, de sus amigos, etc.; y la gran mayoría de intercambios de aprendizajes ocurren en espacios diferentes a los formales. Se aprende en el parque, en el bus, en la casa, en las conversaciones con los amigos, en la familia; y muchos de esos aprendizajes además de ser significativos, son altamente perdurables.

La escuela del futuro es una escuela con otros espacios de aprendizaje diferentes a las aulas de clase tradicionales; espacios afectivos, espacios cooperativos y colaborativos, espacios cargados de sentido, espacios integrados con su entorno y su contexto (con su ciudad, pueblo o región), espacios personalizante. Nuevos espacios para una nueva escuela.

miércoles, 4 de febrero de 2009

El sentido de la evaluación, la evaluación con sentido


La evaluación de los aprendizajes es un proceso complejo, pues implica dejar en claro cuáles son los avances, dificultades y oportunidades de trabajo que cada uno de los estudiantes pueden tener en sus aprendizajes. En muchas ocasiones parece ser que la evaluación ha entorpecido el proceso de aprendizaje del estudiante más que facilitarlo. Por el contrario, la evaluación debe permitir que cada estudiante haga conciencia de su propio proceso de aprendizaje, que sea capaz de determinar sus dificultades y así mismo sea conciente de los pasos a seguir para mejorar.

En esa medida, la evaluación de aprendizajes no se puede homologar de manera tajante con procesos incluidos en la misma, pero que no la reducen; procesos como los "exámenes", las "pruebas", las "calificaciones". Los exámenes y las pruebas proveen a los participes en el hecho educativo de ciertas informaciones que necesitan interpretarse dentro del proceso de formación, pero dichas informaciones no son ni exclusivas, ni excluyentes; por el contrario, complementan una serie de observaciones que tanto maestros como estudiantes han reconocido en su interacción pedagógica.

Por otra parte el concepto de "calificación" o el de "valoración" no pueden reducirse al hecho de la presentación de números o logros alcanzados. Los docentes, como los estudiantes, están calificando y valorando permanentemente su proceso de aprendizaje. Expresiones como "es perezoso", "se la pasa charlando con los amigos", "es muy cumplido en sus trabajos", "ese profesor siempre llega tarde", etc., solo son una muestra de la cantidad de juicios o valoraciones con las que los procesos de aprendizaje se encuentran diariamente. Pero, dichas valoraciones pocas veces llegan a ser tenidas en cuenta en los procesos pedagógicos quizás por considerarlas poco formales.

Otro concepto bastante discutido en nuestros días es el de "promoción". En realidad la "promoción" se reduce a un juicio o serie de juicios de valor que le permite a un proceso educativo determinar si un estudiante debe acceder al siguiente nivel de formación. A nivel de educación formal, debe determinar el paso de un grado de educación a otro (llámese curso o semestre). Sin embargo, como en los conceptos anteriores, existen formas de promoción ligadas a la evaluación de aprendizajes que no son formales. En un grupo de danzas, por ejemplo, los estudiantes saben que por sus habilidades pasan a un nivel más avanzado sin necesidad de "exámenes" formales o "valoraciones finales".

A esto se debe añadir que cuando los docentes tratan de definir qué evaluar y para qué evaluar, no siempre se tiene claro. Muchas veces el objeto de la evaluación es solo la reproducción de información y en otros casos el desarrollo de competencias o procesos mentales. Cualquiera de estos dos objetos de evaluación generará prácticas muy diversas. Así mismo, la finalidad de la evaluación no es clara, y en muchas ocasiones se tiene la impresión que se evalúa para demostrar cuando no sabe el estudiante, o cuanto poder tiene el maestro, o cuan arbitraria puede ser la educación.

Por último, el protagonista de la evaluación en la gran mayoría de las ocasiones es el maestro. Los sistemas evaluativos están pensados para que sea el maestro quien tome la decisión final sobre los procesos asignados a su cargo. Si el maestro no conoce que ha desarrollado su estudiante, entonces, como ley universal, el estudiante no ha hecho nada y debe ser valorado negativamente. Sin embargo, el verdadero protagonista de la evaluación es el estudiante, pues es él quien debe ser conciente de sus avances, de sus dificultades, de lo que tiene que hacer para superar dichas dificultades. En dicho proceso el docente, más que un obstáculo, es un facilitador, un entrenador que ve que está funcionando mal y genera estrategias para que funcione mejor.

Todo lo dicho hasta aquí muestra la necesidad de reflexionar sobre la evaluación del aprendizaje. Para muchos maestros es un tema oscuro en el que es mejor no entrar pues cuestiona directamente las prácticas pedagógicas (modelos asumidos, didácticas, currículos, etc.). En la escuela de futuro debe estar presente la evaluación, es claro, pero renovada por nuevas prácticas; donde los estudiantes sean quienes evalúen su proceso y donde los exámenes sean cosas del pasado.

martes, 3 de febrero de 2009

EL FUTURO DE LA ESCUELA


La escuela hoy se encuentra en crisis. Dicha crisis está dada por el cambio de las condiciones históricas del mundo. La escuela tradicional fue creada para unas situaciones del mundo que hoy no existen. Fenómenos como la globalización, la crisis familiar, el uso de las tecnologías de la información, las crisis de las utopias (económicas, políticas, sociales, ecológicas, etc.) son realtivamente muy recientes y ante estos fenomenos la escuela se está adaptando. Además, la escuela colombiana padece de un clima facilista determinado desde las politicas de promoción de los estudiantes: "para que estudiar si al final me van a promover" expresan los estudiantes; "para que exigirles a los estudiantes si al final se promueven" dicen los profesores. Factores asociados a la violencia política, están generando situaciones de conflicto permanentemente al interior de las instituciones: agresiones físicas, emocionales, intimidación, discriminación, robos, pandillas, etc. Si a esto le añadimos el hecho de que la familia no está siendo contención afectiva, ni formadora de hábitos en los estudiantes, tenemos seres humanos con serias limitaciones en la convivencia social.

Ante esta situación ¿qué podemos hacer como docentes? Esta situación de la escuela está haciendo que muchos docentes se cuestionen su labor y su vocación. "Para qué ser docentes con tan malos resultados" Sin embargo, si existe una profesión que realmente pueda cambiar el mundo, forjar una nueva mentalidad para un mundo diferente, es la profesión docente. No se trata únicamente de la trasmisión de saberes, artes u oficios, sino de la formación de personas autonomas, capaces de vivir en comunidad y generar propuestas investigativas novedosas. Es un gran reto, pero es el reto docente.

Soy docente del Liceo Antonio de Toledo, en un sector popular de la ciudad de Bogotá. Ubicado en un contexto complicado donde las condiciones socioeconómicas son dificiles. A pesar de esto, en el colegio somos concientes del reto de la profesión docente y de la necesidad de construir una nueva escuela para un nuevo mundo. Nos declaramos en búsqueda. No podemos hechar el vino nuevo en odres viejos, estamos abiertos a construir conjuntamente respuestas para estos retos. No nos la sabemos todas y algunas cosas ni sabemos dónde buscarlas pero creemos que podemos responder a esta realidad del mundo.

Ayudanos a hacer de este reto una realidad.