miércoles, 4 de febrero de 2009

El sentido de la evaluación, la evaluación con sentido


La evaluación de los aprendizajes es un proceso complejo, pues implica dejar en claro cuáles son los avances, dificultades y oportunidades de trabajo que cada uno de los estudiantes pueden tener en sus aprendizajes. En muchas ocasiones parece ser que la evaluación ha entorpecido el proceso de aprendizaje del estudiante más que facilitarlo. Por el contrario, la evaluación debe permitir que cada estudiante haga conciencia de su propio proceso de aprendizaje, que sea capaz de determinar sus dificultades y así mismo sea conciente de los pasos a seguir para mejorar.

En esa medida, la evaluación de aprendizajes no se puede homologar de manera tajante con procesos incluidos en la misma, pero que no la reducen; procesos como los "exámenes", las "pruebas", las "calificaciones". Los exámenes y las pruebas proveen a los participes en el hecho educativo de ciertas informaciones que necesitan interpretarse dentro del proceso de formación, pero dichas informaciones no son ni exclusivas, ni excluyentes; por el contrario, complementan una serie de observaciones que tanto maestros como estudiantes han reconocido en su interacción pedagógica.

Por otra parte el concepto de "calificación" o el de "valoración" no pueden reducirse al hecho de la presentación de números o logros alcanzados. Los docentes, como los estudiantes, están calificando y valorando permanentemente su proceso de aprendizaje. Expresiones como "es perezoso", "se la pasa charlando con los amigos", "es muy cumplido en sus trabajos", "ese profesor siempre llega tarde", etc., solo son una muestra de la cantidad de juicios o valoraciones con las que los procesos de aprendizaje se encuentran diariamente. Pero, dichas valoraciones pocas veces llegan a ser tenidas en cuenta en los procesos pedagógicos quizás por considerarlas poco formales.

Otro concepto bastante discutido en nuestros días es el de "promoción". En realidad la "promoción" se reduce a un juicio o serie de juicios de valor que le permite a un proceso educativo determinar si un estudiante debe acceder al siguiente nivel de formación. A nivel de educación formal, debe determinar el paso de un grado de educación a otro (llámese curso o semestre). Sin embargo, como en los conceptos anteriores, existen formas de promoción ligadas a la evaluación de aprendizajes que no son formales. En un grupo de danzas, por ejemplo, los estudiantes saben que por sus habilidades pasan a un nivel más avanzado sin necesidad de "exámenes" formales o "valoraciones finales".

A esto se debe añadir que cuando los docentes tratan de definir qué evaluar y para qué evaluar, no siempre se tiene claro. Muchas veces el objeto de la evaluación es solo la reproducción de información y en otros casos el desarrollo de competencias o procesos mentales. Cualquiera de estos dos objetos de evaluación generará prácticas muy diversas. Así mismo, la finalidad de la evaluación no es clara, y en muchas ocasiones se tiene la impresión que se evalúa para demostrar cuando no sabe el estudiante, o cuanto poder tiene el maestro, o cuan arbitraria puede ser la educación.

Por último, el protagonista de la evaluación en la gran mayoría de las ocasiones es el maestro. Los sistemas evaluativos están pensados para que sea el maestro quien tome la decisión final sobre los procesos asignados a su cargo. Si el maestro no conoce que ha desarrollado su estudiante, entonces, como ley universal, el estudiante no ha hecho nada y debe ser valorado negativamente. Sin embargo, el verdadero protagonista de la evaluación es el estudiante, pues es él quien debe ser conciente de sus avances, de sus dificultades, de lo que tiene que hacer para superar dichas dificultades. En dicho proceso el docente, más que un obstáculo, es un facilitador, un entrenador que ve que está funcionando mal y genera estrategias para que funcione mejor.

Todo lo dicho hasta aquí muestra la necesidad de reflexionar sobre la evaluación del aprendizaje. Para muchos maestros es un tema oscuro en el que es mejor no entrar pues cuestiona directamente las prácticas pedagógicas (modelos asumidos, didácticas, currículos, etc.). En la escuela de futuro debe estar presente la evaluación, es claro, pero renovada por nuevas prácticas; donde los estudiantes sean quienes evalúen su proceso y donde los exámenes sean cosas del pasado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El sistema de evaluación, es necesario no para los docentes, sino para los padres de familia.
Pero para llegar a una excelente evaluación todos debemos tener el mismo idioma y la calidad educativa debe mejorar bastante.